(Pr I) CONSTANCIA

Hace unos días, en una de mis clases de lengua gallega, llevé a un grupo de alumnos de 1º de la ESO al huerto que tenemos en el colegio. Era un viernes por la tarde de mucho calor y los chicos y chicas agradecieron enormemente el cambio de escenario, un poco de sombra y algo de brisa. Los senté bajo cuatro árboles y les propuse una actividad.

“Cerrad los ojos, relajaos e intentad describir un sentimiento, una emoción o una cualidad”.

En un primer momento vi más caras de desconcierto que de entendimiento pero pronto les picó la curiosidad y todos cerraron los ojos. Para mi sorpresa, pues si he de ser sincero no esperaba una reacción tan pronta, vi que la mayoría empezaba a calmarse y unos pocos empezaron a escribir. Los dejé a su aire y decidí hacer con ellos la actividad.

Fue entonces cuando me fijé en una enredadera que había conseguido trepar el muro del huerto de pie a cabeza. “¿Cuánto habrá tardado en llegar hasta ahí arriba?”

Constancia.

No sabía cuánto había tardado la planta en llegar hasta allí, pero sí sabía que jamás se había detenido. Entonces escribí:

“Veo la enredadera que sube el muro.

Es constante.

Me gusta la constancia porque es inagotable, incansable. Me gusta porque constante es sinónimo de fuerte y de abnegado. Me gusta porque junto al viento ha tallado el valle en el que se asienta nuestro pueblo y ha convertido rocas en los granos de arena de todas las playas del mundo.

Pensar en la constancia me hace pensar en el trabajo. La constancia es madre del trabajo. Pensar en el trabajo me hace pensar en lo aprendido. Ser constante y nunca dejar de aprender es lo que más admiro en una persona.”

Mis alumnos me pidieron que les leyera lo que yo había escrito, así lo hice y terminé diciendo:

“Nunca dejéis de aprender, sed siempre constantes y curiosos. Trabajad, da igual en qué, sed diligentes y honrados, el resto viene sólo”

Entonces les pedí a ellos que leyeran lo que habían escrito y, como casi siempre, fueron ellos los que me enseñaron a mí. Tuve la suerte de poder escuchar reflexiones verdaderamente maduras de bocas que apenas cuentan doce o trece veranos. Que error el mío. Pensar que yo podía enseñarles a ellos algo sobre la constancia cuando precisamente son ellos el ejemplo perfecto.

Quizá algún día, si me dan permiso, comparta aquí algunos de sus textos.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s