(XIX) DESPEDIDA

Mientras escribo la palabra despedida

te crezco alas en la espalda

para que vueles tuya,

fuerte, lejos

y libre de nosotros.

 

Te escribo despedida

con las letras de tu nombre

y se me vuelven blancas las manos

porque en tu nombre

el blanco no es rendición

sino castillo y defensa.

 

Te escribo despedida

porque los muros que llevas

alrededor de las pupilas

son montañas de herida y hielo

y yo he muerto demasiadas veces

en la escalada de tus inviernos.

 

Despedida

es lo que llena el hueco de mi centro

al que amoldaste tu cuerpo

como la luz del faro

que alumbra mi isla.

 

Amor,

es fácil escribirte un adiós

cuando ya lo he escrito antes

en negrita y subrayado.

 

No habrá duelo en esta despedida,

no habrá lluvia en soportales

ni musgo sobre nuestras huellas.

 

No habrá relojes parados,

ni desiertos de sal.

ni ríos que bajen secos,

ni bosques silentes,

ni campos de trigo,

ni espuma y roca.

 

Esta despedida es cálida

como la tarde de otoño

que muere naranja bajo la línea

de los azules que me miran.

 

Es una despedida en flor

pausada,

tranquila y en calma.

 

Es sólo eso.

 

Un adiós.

 

Mientras escribo la palabra despedida

te crezco alas en la espalda

te miro

y te das la vuelta.

 

Sonrío

y ya vuelas.

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