(XXIII) PIEDRA

Cuando te encontré era piedra.

 

El cuerpo era inercia

y las manos hiedra

los pies raices

en la eternidad del azul

que subía con la marea

de su norte y luz.

 

Yo era piedra.

 

La verdad pesaba en el centro de mi pecho

porque la verdad era ausente

en el cielo de su boca.

 

Entonces yo fui piedra.

 

Las piedras aguantan la escarcha

y deshacen inviernos.

 

Las piedras beben espuma y barcos

y dicen no al viento.

 

Yo era piedra.

Entonces, tú.

 

Fuiste extraña porque yo creía

que las piedras en el mar tocaban fondo

pero yo en ti toqué cielo

y arañé las nubes

que decoran tu seno

y tu seno se deshizo

en mis manos de piedra

y ya no fui piedra

      sino arena.

 

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