(XXVII) INSOMNE

Bajaste el invierno sobre la lluvia.

 

Hacía tanto frío que nuestras huellas

cambiaron el paso para buscar abrigo

bajo el aliento salado del daño.

 

El pecho se te llenó de rosas.

 

Crecieron tan fuertes y treparon tan alto

que ahora en tus ojos sólo hay espinas

y no ves más que el velo azul de tus tardes.

 

Tu marca es la piel del herido.

 

Pones el cuerpo en la calma

al ritmo que marcan tu pecho

y la asonancia de sus batallas.

 

Es sólo daño

lo que esconden tus lunares.

 

Dejo a la noche crecida

contarme estrellas y mentiras

el insomne ya se ha ido

y se han ido también sus pasos

sus párpados son las cortinas

de pliegues suaves y tacto fino.

Dejo al insomne libre

y balanceo el cuerpo en carne

el costado ya no duele

es tu espina que ha caído.

Hay un hueco en su lugar

pero las palabras llegan

y me cubren de caricias

son palabras el ungüento

que ha cerrado la herida.

Son palabras el remedio

al tiempo que se ha ido.

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