(Pr. IV) APRENDIZAJE

El árbol es silente. Es estático. Es solitario. El árbol es uno y es plural. Sus hojas se desprenden fácilmente, vuelan con el viento y visitan lugares que el árbol jamás podría llegar a comprender. El árbol está a la vez en un sitio y en varios. Está en un lugar que no entiende a la vez que vive la soledad o la soledad vive en el árbol y hace de él un nido que agarra con brazos de hielo. No entender la soledad es un castigo terrible, no saber dónde estás es un castigo peor. A veces soy árbol y soy silente, soy estático. A veces dejo escapar palabras para que vuelen al viento y lleguen a lugares en los que jamás estaré. A veces intento enteder mi soledad y creo que la entiendo y soy yo quien la abraza con brazos de hielo y a veces es mi soledad la que me rodea y no la entiendo pero la dejo ser.

Aunque si la soledad es entendida se convierte en un lugar para el crecimiento de la persona. La soledad deja de ser oscura y pesada y se convierte en entidad luminosa de comprensión y aprendizaje. Se convierte en camino, en senda que transita desde ningún lugar a todos los lugares que hay en uno mismo. La soledad es un estado orgánico y natural al ser que desaprendemos a gestionar una vez la creemos abandonada. Nacer solo y permanecer solo es fácil, regresar a ese estado de soledad una vez el cuerpo lo ha abandonado y se ha sentido acompañado de otro cuerpo distinto es complicado. Cometemos el error de sentirnos completos al estar acompañados. Uno siempre es uno, uno siempre es completo a pesar de las ausencias que puedan causar daño. Desaprender lo aprendido; desandar el camino y volver sobre los pasos hacia ese estado inicial y orgánico del ser es la lección más complicada que he tenido que aprender.

Pero he aprendido. Al final mi soledad ha sido útil. Ha servido para algo. Le he sacado provecho. Ha sido asesina de noches y estrellas pero ha sido también sílex agudo de conciencia. He sacado lo mejor de lo peor, he conocido lugares de mí mismo que no sabía que existían y los he abrazado a pesar de la tristeza. He tejido alas en donde había hueco y las he usado para anidar otros espacios. Ahora soy más yo y soy más mío, soy más de lo que era antes a pesar de ser también menos.

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