(XXXV) CAMINO

Llevo en los ojos el frío del ciego,

lacerados los iris

de hielo y canto

en el tiempo perdido

de la escarcha y el círculo.

 

En el camino he visto piedras

de sonrisa torcida

y dientes de oro.

He visto pájaros de plumas azules

volar a ras de piel

para escapar del fuego

que les quemaba el pasado.

 

He caminado largo el camino

desierto de perlas y nácar

esqueletos de cangrejos

marcan la senda del pie

que entierra la espuma y el alga

en la búsqueda

del que no ve.

 

He tropezado las páginas blancas

con la tinta que llena

los huecos de mi cuaderno

libre y solo

efímera verdad de un yo

que muere el olvido.

 

He seguido el paso al viento

aun sin alas he volado

lejos de la orilla

y de este árbol que comparte

sus raíces con las mías.

 

Ha querido hacerme fuerte

el tránsito del tú al yo

y he cenado con el aire

que envuelve la silueta

del musgo y la hormiga

piedra gastada y lluvia

en la mesa vacía.

 

He caminado la senda del ciego,

he sentido luz en los ladridos

del estómago gentil

que se hace opaco al tacto.

 

Seguiré caminando el camino

que no ven los ojos míos

la circunferencia y la esfera

la tangencia de los verbos

es poesía incompleta

es la espina

y es la senda.

 

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