(VII) CRUZ

Cada despedida es el principio de una ausencia

y yo he dicho adiós más veces de las que me gustaría.

 

Llevo cruces en la espalda,

un hueco en el pecho y

una luna que me late en los labios.

 

En mis cruces mueren

tres veces por noche

los fantasmas del mundo

que he olvidado tras mis huellas.

 

En mi hueco se adivinan la luz

el canto de sirena,

el cordaje del mástil

y la disonancia altiva de la soledad.

 

En mi luna estás tú

presencia blanca de amor y hojas

fruta, fuego y fe.

 

He dicho adiós más veces de las que me gustaría

quizá por eso

de la piel hacia dentro

hay más estómago que corazón.

 

No me asusta hablar del miedo

ni desnudarme las manos

si así ves la ventana abierta.

 

Me asusta más la soledad enquistada

en el velo de mis ojos

aunque haya aprendido

a entintarla de verdades.

 

No me asusta hablar del miedo

si así hago

de cruces altar,

de hueco huida,

de luna nosotros.

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