(Pr. VI) EXITIUM

He escupido en la cara de la muerte. Más veces de las que me gustaría recordar la he visto pasar a mi lado. Henchida de sí misma me ha acariciado la mejilla y yo le he escupido un pedazo pequeño de mi estómago, un charco de huesos y piel, un golpe de sangre y despedida. La he visto pasar tranquila y violenta, la he visto tan inabarcable y tan escarcha; tanto frío y tanto lloro. La he visto pasar con su aliento blanco y sus manos blancas y sus ojos amarillos. La he visto pasar sin ser consciente de su presencia y al mismo tiempo la he visto pasar sabiendo perfectamente que tras ella vendría una ausencia y toda la soledad que me habita.

Pero le he escupido. Le he escupido al mismo tiempo que me dormía entre sus brazos. Le he escupido cuando al despertar me veía a la deriva en un mar de su sombra. Su sombra, que es alargada y púrpura, pesa lo mismo que pesa el mundo sobre mis hombros. Le he escupido tantas veces desde hace tanto tiempo que no recuerdo la última vez que tuve saliva en la lengua. Le he escupido tantas veces que ahora mis ríos bajan secos y los árboles que me sostienen marchitan las nubes cuando pasan grises sobre el cielo de este follaje. Le he escupido tantas veces que en mis manos ahora sólo existe el miedo. Le he escupido tanto, tan alto y tan fuerte que se me ha agotado el pecho y dejo que me consuman esta sequedad y este abandono.

He escupido en la cara de la muerte. Me ha señalado y me ha dejado una ausencia sobre otra. Ahora subo montañas de cadáveres que amontono en una esquina de mi olvido sabiendo que uno jamás olvida la cara de la muerte. Mucho menos el tacto del cadáver. Me ha quitado tanto que no sé en donde termina mi cuerpo y en donde empieza la ceniza. Me pregunto si cuando sea yo el ausente sentiré el alivio de los torturados, si sentiré el peso de mis derrotas en la punta de la lengua y me bañarán los ojos todos los colores que nunca me atreví a pintar. Vendrán a mí todas las personas que he dejado de amar, todas las culpas de mis dedos, los miedos, el arrepentimiento de toda una vida. Vendrás tú a mí o seré yo quien te desaparezca del recuerdo.  Me pregunto si el día que sea yo habré de encontrar una paz duradera, si dormiré el sueño de los justos en su abrazo o si incluso en ella habré de encontrar soledad, herida y tristeza.

He escupido en la cara de la muerte

y la muerte se ha reído de mí.

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