(Pr. VII) VIDA

Entiendo el momento de la ausencia igual que entiendo el momento del incendio. Levantar un muro entre el desastre y el ahora es fácil. Igual que lo es quedarse a vivir tras él. Lo difícil es atreverse a tirarlo y poner la cicatriz al sol.

Entiendo el momento de la ausencia porque estoy hecho de lo que me ha dejado. He guardado bajo la piel su mayor parte y de entre los huecos ha surgido vida. Entiendo el momento del incendio igual que entiendo lo que lo provoca. No todos estamos hechos del mismo corazón. Es tan sencillo como entender que no todos llevamos la misma mochila a la espalda, no todos calzamos los mismos zapatos, no todos dormimos bajo la misma sombra. Creer que mi corazón es como el tuyo podría llegar a matarme. Podría llegar a matarnos.

Sé que he aguantado el desastre pero no estoy seguro de encontrarme del todo vivo. Aún arrastro cadenas y la senda se me hace larga, se me hace lenta, se me hace demasiado senda. He elegido soledad como cura a las heridas, he elegido tiempo como cura a la soledad. No supe ver que soledad y tiempo cuando van de la mano son lo mismo. He elegido, entonces, ser ausente de mí mismo. He elegido el baluarte. He elegido dormir en la celda más profunda de la tristeza y he encontrado calma en la oscuridad. He sabido leer palabras del revés y las he usado como única compañía hasta que decidí dejar de leer para escribir. Escribí la palabra llave, abrí la cerradura y puse al sol la cicatriz.

Pero el sol está hecho de miedo y el miedo está hecho de todo el vacío que se me quedó a vivir entre los ojos tras enterrar las ausencias que me arranqué del pecho. Y la cicatriz todavía duele si te miro a los ojos y te siento ausente, te veo ausente, te busco el labio y el corazón y están ausentes y me tengo que recordar a mí mismo que no todos estamos hechos del mismo corazón. Pero al menos siento el viento en la cicatriz, siento el calor del sol sobre la parte más blanca de la piel. Al menos he entendido que puedo nacerme luz, que puedo enterrar una parte de mí mismo, la parte que te quiere, que nos quiere, y que de su muerte nazca otra vida. He entendido que para poder vivir a veces hay que dejar morir un pedazo del ser y esperar. Lo que vendrá después de la espera hará que la muerte valga la pena.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s