(L) LUZ

He vomitado tanta muerte.

 

He sido tanta piel

sobre los muros

de este mundo tan lejano.

 

Tanto charco

de sangre y huesos

delante de mis propias cerraduras.

 

He amado tanto a mi soledad.

 

He caminado deslcazo

el sendero ausente

y he lamido tanto

los barrotes de esta celda

 

que ahora

cuando me acuesto

sobre la tarde de tu hombro

y veo pasar por delante del Sol

el crepúsculo verde de tu fuego

se me eclipsan los ojos

con la luz de tu mirada

y te juro, amor,

te juro

que no sé que hacer con tanta vida.

(XLIX) HÍGADO

Si digo que he vomitado muerte

es porque antes la he masticado.

 

Y la he tragado.

 

Pero la muerte

no quiere ser digerida.

 

La muerte es un pedazo de hígado

en un charco de sangre.

 

Las escaleras del desván

y el ventanuco a medio abrir

por el que apenas entra luz.

 

Lágrima negra

silla negra.

 

La muerte es mi estómago

rebelándose a la razón;

son mis huesos con cuchillos

son las flechas con tu nombre.

 

Dónde cabe un corazón latente

dónde la luz de unos ojos

dónde

el aire de una boca.

No en un ataúd.

En un ataúd no cabe tanta vida.

 

¿En qué lugar exacto existes ahora?

¿En qué lugar

más allá de mí

te encuentras ahora?

 

He vencido a los fantasmas

que habitan mis ausencias.

 

Pero todavía no he olvidado

el sabor del silencio,

la sangre derramada,

el color amarillo.

(Pr. VI) EXITIUM

He escupido en la cara de la muerte. Más veces de las que me gustaría recordar la he visto pasar a mi lado. Henchida de sí misma me ha acariciado la mejilla y yo le he escupido un pedazo pequeño de mi estómago, un charco de huesos y piel, un golpe de sangre y despedida. La he visto pasar tranquila y violenta, la he visto tan inabarcable y tan escarcha; tanto frío y tanto lloro. La he visto pasar con su aliento blanco y sus manos blancas y sus ojos amarillos. La he visto pasar sin ser consciente de su presencia y al mismo tiempo la he visto pasar sabiendo perfectamente que tras ella vendría una ausencia y toda la soledad que me habita.

Pero le he escupido. Le he escupido al mismo tiempo que me dormía entre sus brazos. Le he escupido cuando al despertar me veía a la deriva en un mar de su sombra. Su sombra, que es alargada y púrpura, pesa lo mismo que pesa el mundo sobre mis hombros. Le he escupido tantas veces desde hace tanto tiempo que no recuerdo la última vez que tuve saliva en la lengua. Le he escupido tantas veces que ahora mis ríos bajan secos y los árboles que me sostienen marchitan las nubes cuando pasan grises sobre el cielo de este follaje. Le he escupido tantas veces que en mis manos ahora sólo existe el miedo. Le he escupido tanto, tan alto y tan fuerte que se me ha agotado el pecho y dejo que me consuman esta sequedad y este abandono.

He escupido en la cara de la muerte. Me ha señalado y me ha dejado una ausencia sobre otra. Ahora subo montañas de cadáveres que amontono en una esquina de mi olvido sabiendo que uno jamás olvida la cara de la muerte. Mucho menos el tacto del cadáver. Me ha quitado tanto que no sé en donde termina mi cuerpo y en donde empieza la ceniza. Me pregunto si cuando sea yo el ausente sentiré el alivio de los torturados, si sentiré el peso de mis derrotas en la punta de la lengua y me bañarán los ojos todos los colores que nunca me atreví a pintar. Vendrán a mí todas las personas que he dejado de amar, todas las culpas de mis dedos, los miedos, el arrepentimiento de toda una vida. Vendrás tú a mí o seré yo quien te desaparezca del recuerdo.  Me pregunto si el día que sea yo habré de encontrar una paz duradera, si dormiré el sueño de los justos en su abrazo o si incluso en ella habré de encontrar soledad, herida y tristeza.

He escupido en la cara de la muerte

y la muerte se ha reído de mí.

(XLVIII) CAMISA

Fende unha bala o aire

que levo entre os dentes

e trae agochado un home ferido

de peito e xardín, flores e mar.

 

Racha a néboa

esta escuridade tan soa

que gardo no peto

esquerdo

da miña camisa vella.

 

Estou feito

de todo o amor

que me deixou miña nai

mais levo as mans baleiras

de carne e pel;

só hai ósos

e espazo púrpura entre a cartilaxe

dos dedos miúdos

cos que mancho esta tinta.

 

Vexo morrer a luz triste dos días

cando deixo a fiestra aberta para que entre o inverno

e penso tamén

en toda a morte que me persegue,

dende ben cativo,

en toda a morte

que arrastro nas costas.

 

Só atopo acougo nesta soidade tan miña,

nesta caixa de zapatos vellos,

neste metal frío de chan afiado,

neste espazo tan baleiro,

neste peto

esquerdo

da miña camisa vella.

(XLVII) ALMA

Puedo ser, todavía,

mucho más de lo que te dejo ver.

Puedo ser el pedazo de alma

que te deshaga las costuras.

Si quieres, amor,

puedo ser incluso el alma entera

y vestirte de aire el invierno pasado.

Puedo ser viento y tempestad

y apagar el miedo

que te cuelga de los ojos

cuando enfocas tu iris en el mío.

Puedo ser el tiempo

que te llueve entre las costillas

y secarte a mordiscos

todo el daño

que se te ha escapado de la espalda.

Puedo ser el pulso de tu muñeca.

Puedo ser incluso la sangre

que nos secaron a golpes

cuando decidieron darnos por muertos.

Puedo ser el beso

que llene de verano

el hueco que traes en el pecho.

Puedo ser el silencio

que convierta todo tu ruido en mar.

Puedo ser el ángel

que duerma debajo de tu cama.

Puedo ser el muro

que pongas frente al daño.

Puedo ser el camino

que recorras con los pies descalzos.

Puedo ser la pared

en la que apoyes los huesos cuando te pese la vida.

Puedo ser, todavía,

mucho más de lo que te dejo ver.

Puedo ser

si quieres, amor,

toda la poesía

que nos falta por escribir.

(XLVI) LÚA

Cando levaba a lúa entre as mans

sentía brincar nos ollos a arela da noite fría

e a escuridade do mar no bico do vento

era un universo de pantasmas agochadas

e aloumiños de papel.

 

Cando levaba a luz dos faros na fronte

a liña da vida destas mans esquerdas

medraba igual que hoxe medran

as canas feridas da miña barba

e as bágoas que calo nos folios en branco.

 

Hoxe acoden a min os pasos pretéritos

das nosas noites de pedra pulida

e semella que a lúa florece nas mans

e a luz dos faros desafoga este andar

e a arela da noite fría

bate nos ósos cansados das verbas

que traio cinguidas á punta da soidade.

 

E esta soidade

que desfago ao camiñar

enche o peito de espazo baleiro,

enche de medo o xardín das costas,

enche de ferida este recordo de lapis gris,

enche de min toda a poesía que te medraba nos beizos.

(XLV) PASOS

¿Cuánta vida hay en un solo paso?

 

¿Cuántos pasos

son necesarios

a lo largo de esta vida?

 

Qué me queda

más allá

de esta nostalgia inabarcable

de esta soledad mal curada

de este olvido púrpura

anclado a relojes

que gotean espinas de espacio vacío

sobres mañanas que me llueven en los labios.

 

A veces dudo de mi propia forma

si me veo reflejado en tu recuerdo.

 

Soy quien soy en tus ojos

soy quien quiero ser en tu ausencia.

 

Tu olvido no existe;

son estos escombros que adornan

la entrada de mi espalda.

 

Decido que hay pasos

cuando decido que hay vida.

 

Decido, a pesar de esta permanencia,

que mis pasos serán firmes,

arrastraré cadenas de flores

y morderé alambre de espino.

 

Decido que hay fuego

cuando decido que existes.

 

Decido que hay pasos

cuando elijo la vida.